…Sólo tomando aire
En el absurdo patio me encontraba…
Sintiendo el frío acechar mis facciones
Penetrando hasta mis huesos
Presenciando la lejanía de las nubes
Esperando no sé qué
…De pronto aparece
Aquélla mujer tan especial…
Con su caminar tan propio
Lleno de vivencias de vida
Con sus rizos al viento
Rojos como aquél pecho de loica
Con sus ojos claros
Como las más puras aguas cordilleranas
…Presencio en la quietud del tiempo infinito
Su suave desplazamiento…
El movimiento de sus cabellos
Lejanos y ajenos a mis manos y mi piel
Su mirada penetra hasta lo más profundo
Y oculto de mi ya agitada alma
Observo su boca tan propia
Y más lejana y ajena de mi boca
Que los mismos frutos del paraíso
Frutos que desconozco si mereceré,
Aunque por un ínfimo instante,
Disfrutar y sentir
…El cuadro ya ha cambiado…
No siento ese frío
Las nubes se han ido
Para dejar pasar libres los rayos de sol
Mis facciones están ahora cálidas
Mis manos tiemblan
Mi boca no puede emitir sonido alguno
…Hasta que escucho su bella voz…
Su cuerpo pasa frente a mis ojos
Para luego, en un instante,
Desaparecer en el infinito
Dejando sólo en mi mente
El mejor instante del presente día
Observo hacia mi norte
Perdiéndose su figura entre la niebla
Ocultándose celosamente bajo el frío manto
Del último día invernal de primavera
…Respiro profundo…
Vuelvo a la tierra
Luego de mi paseo por el mismo
Paraíso del cielo
Soñando con probar los frutos
Que hasta ahora
Me son prohibidos, lejanos, ajenos…..
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